Resumen:
La caprinocultura en el Estado de México es de gran importancia social, económica y ambiental para pequeños y medianos productores asentados en regiones rurales con limitadas alternativas productivas y alta vulnerabilidad socioeconómica en las que esta actividad contribuye a la generación de empleos directos e indirectos y consecuente generación de ingresos, como resultado de la activación económica local originada por los encadenamientos productivos hacia atrás y hacia adelante que genera hacia otras actividades económicas de los tres sectores productivos.
La actividad caprina demanda insumos procedentes del sector primario e industrial (granos, forrajes, sales minerales, alimento comercial, equipo operativo, servicios) para generar productos (caprinos en pie para abasto, carne, leche), subproductos (pieles, vísceras y abono) y productos derivados (lácteos y cortes selectos) que integran la cadena productiva, de valor y de suministro y fortalecen la articulación territorial del sistema producto caprino mexiquense (Hirschman, 1958; Porter, 1998).
La caprinocultura representa un medio de vida, principalmente en. Un objetivo de esta actividad pecuaria es articular funciones sociales que inciden en la cohesión comunitaria, inclusión productiva y seguridad alimentaria. La flexibilidad productiva reduce el riesgo ante variaciones climáticas o fluctuaciones de mercado. Asociado a lo anterior, la caprinocultura contribuye a la preservación de prácticas culturales y saberes tradicionales que se transmiten de una generación a otra para fortalecer la identidad territorial y la organización comunitaria.
En términos ambientales, la caprinocultura contribuye al aprovechamiento eficiente de recursos disponibles, principalmente en regiones áridas y semiáridas donde otras actividades pecuarias presentan limitaciones productivas. Las cabras tienen gran capacidad para adaptarse a condiciones edafoclimáticas adversas y para aprovechar recursos vegetales como arbustos, arbóreas, cactus, deliciosas, pastos de baja calidad y residuos agrícolas.
Para contribuir a la sostenibilidad ambiental se deben incorporar prácticas alineadas con la economía circular basadas en el aprovechamiento del estiércol como fertilizante orgánico, la reducción del uso de insumos externos y la integración de subproductos en los sistemas productivos, esto para mejorar la fertilidad del suelo, disminuir la dependencia de fertilizantes químicos y transitar a sistemas más resilientes y sostenibles.
Cuando no se implementan prácticas de manejo adecuadas, la caprinocultura puede generar los siguientes efectos negativos: sobrepastoreo, degradación del suelo, pérdida de cobertura vegetal y desertificación, impactos que están asociados a la carga animal excesiva y ausencia de estrategias de manejo del pastoreo (Lebbie, 2004; FAO, 2018). Para contrarrestar estos efectos y generar un equilibrio entre productividad y conservación ambiental que maximice los beneficios ecosistémicos se deben implementar prácticas como el manejo rotacional de pastizales, regulación de la carga animal y la valorización de residuos orgánicos.
Pese a la importancia sociocultural, económica y ambiental, la caprinocultura enfrenta problemáticas y desafíos multifactoriales que limitan su eficiencia técnica y económica y, su competitividad. Las problemáticas productivas y tecnológicas propician baja productividad e ineficiencia técnica dada la limitada tecnificación y mejoramiento genético, y deficiente manejo sanitario y alimenticio; las económicas generan baja rentabilidad por los altos costos de insumos y la dependencia de intermediarios; las sociales afectan la continuidad generacional de la actividad principalmente por la migración rural que reduce la disponibilidad de mano de obra.
Las problemáticas ambientales comprometen la sostenibilidad productiva al inducir prácticas de sobrepastoreo que degradan suelos y causan pérdida de biomasa vegetal, al limitar prácticas circulares y al realizar un manejo de residuos y desechos. Finalmente, las prácticas de mercado poco competitivas son reflejo del poco valor agregado, falta de trazabilidad, escasa integración de las cadenas productiva, de valor y de suministro y, del débil posicionamiento de productos caprinos. El consumo per cápita de la carne de caprino es de 0.4 kg/persona/año.
Ante el panorama planteado, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y en particular el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12, plantean la necesidad de que los sistemas de producción tradicional que operan bajo los principios de la economía lineal: extracción, producción-transformación, consumo, desecho; transiten hacia modelos de producción y consumo responsable basados en los principios de la economía circular: reutilizar, reducir, reciclar; y en las 10Rs: repensar, reducir, reusar, reparar, restaurar, remanufacturar, reutilizar, reciclar y recuperar.Bajo este contexto, la investigación plantea por objetivo analizar el papel que juega la economía circular como alternativa para impulsar la producción y consumo sostenible en la caprinocultura del Estado de México y, en consecuencia, evidenciar si se utilizan responsablemente los recursos ambientales, económicos y sociales.
El análisis temporal comprende el período 2014 a 2024 y, el espacial abarca cuatro municipios de la V Delegación Regional de Desarrollo Agropecuario Tejupilco: Amatepec, Luvianos, Tejupilco, Tlatlaya. Metodológicamente, la investigación es cuantitativa, no experimental y de corte transversal y, está orientada al análisis de las relaciones productivas, económicas y ambientales que se dan en esta actividad.
Para recopilar información primaria se empleó un muestreo no probabilístico por autoselección o voluntario y, se diseñaron y aplicaron instrumentos de análisis (cuestionarios estructurados) a 300 productores de ganado caprino en pie para abasto vinculados a la Fundación Sustentable A.C. de Desarrollo Rural Mexiquense. De los cuestionarios 200 cumplieron con los criterios de consistencia y pertinencia metodológica y, presentaron un nivel de respuesta superior al 90% de lo solicitado.
Con la información y datos recopilados se construyó una matriz (base de datos) en hojas de calculo de Excel y, se seleccionaron las variables relacionadas con los insumos productivos (inputs) y los resultados obtenidos (outputs), además, se incorporaron el Índice de Bioseguridad (IBC) y el de Prevención Sanitaria (IPS), el nivel de impacto ambiental y la finalidad zootécnica, los cuales sirvieron de base para aplicar el Modelo de Análisis Envolvente de Datos (DEA) para identificar la eficiencia relativa.
A través de los resultados se identificaron unidades productivas caprinas de pequeña escala que operan bajos sistemas tradicionales y que presentan ineficiencias técnicas, productivas, ambientales, económicas y sociales, dadas las problemáticas estructurales que enfrentan relacionadas con el inapropiado uso de recursos productivos, la deficiente asignación de insumos y el inadecuado manejo sanitario. En estos sistemas productivos la toma de decisiones se orienta más hacia la satisfacción de necesidades inmediatas que hacia el uso optimo de los recursos.
Por otro lado, se identificaron unidades productivas que operan en la frontera de eficiencia derivado de la implementación de prácticas asociadas a la economía circular: uso racional de los insumos, mejor conversión alimenticia, manejo sanitario adecuado y buen manejo de desechos y residuos. Estas prácticas contribuyen a la sostenibilidad ambiental y favorecen la eficiencia productiva y económica.
Finalmente, se identificaron unidades productivas eficientes que alcanzan niveles óptimos de eficiencia mediante el diseño y aplicación de estrategias de mejora basadas en experiencias reales (transferencia de conocimiento y replicabilidad de buenas prácticas entre productores), con lo que se confirma que la transición hacia modelos productivos basados en economía circular reduce los efectos ambientales negativos y optimiza el aprovechamiento de recursos: la eficiencia no precisamente depende del incremento en los insumos, sino de su uso estratégico y racional.