Resumen:
La salud y la alimentación han cobrado una relevancia sin precedentes tras la crisis sanitaria del COVID-19. Las estrategias de confinamiento no solo afectaron la salud mental e individual, sino que desataron crisis económicas y sociales que pusieron en riesgo el acceso a los alimentos. En la vida post-pandemia, asegurar el acceso físico y económico a alimentos inocuos y nutritivos es vital para evitar el colapso del sistema alimentario y prevenir enfermedades crónicas derivadas de dietas deficientes, como la desnutrición y la obesidad.
En México, la inseguridad alimentaria se ve agravada por la pérdida de conocimientos ancestrales. La modernización y el uso intensivo de tecnologías digitales por parte de las nuevas generaciones han dificultado la transmisión de saberes sobre la producción de traspatio. Revitalizar estas prácticas no es solo un rescate cultural, sino una necesidad de salud pública para cumplir con los requerimientos nutricionales básicos de la población.