Resumen:
La producción del espacio habitado ha surgido, en la mayoría de los casos, de procesos de ocupación del suelo que derivan de la autogestión y la autoproducción en donde las personas y comunidades, mediante la proyección y construcción de sus propios espacios, han domesticado el territorio y superado barreras financieras para obtener un lugar en donde habitar. Desde la choza hasta las complejas aglomeraciones urbanas los seres humanos han manifestado su presencia en el mundo en donde la vivienda es quizá la representación más íntima e inmediata del ser (Heidegger, 1951)
La vivienda como célula de lo urbano y material de fondo de la ciudad es uno de los motores principales de la urbanización y expansión de las ciudades. Ésta representa no sólo el lugar de residencia en el que las personas indican su dirección habitual y el agregado urbano (localidad, municipio, Estado, zona metropolitana) al que pertenecen (Coppola, 2004), la vivienda también es la respuesta espacial a las necesidades de los seres humanos y las culturas (Rapaport, 1972) y una extensión metafórica del cuerpo que representa la visión del mundo que permite satisfacer las necesidades humanas de primer orden.