Resumen:
Introducción: la comida callejera en los tianguis tradicionales forma parte de la vida cotidiana y cultural en
México. Más allá de su función alimentaria, representa espacios de convivencia, identidad y memoria colectiva,
aunque también plantea desafíos relacionados con la inocuidad y la salud pública. Este estudio analizó las
representaciones sociales sobre la comida callejera, la inocuidad y la cultura alimentaria en el tianguis tradicional
de Ozumba de Alzate, Estado de México, desde la perspectiva de comensales, vendedores y autoridades
locales. Objetivo: este estudio analizó las representaciones sociales sobre la comida callejera, la inocuidad y
la cultura alimentaria en el tianguis tradicional de Ozumba de Alzate, Estado de México, desde la perspectiva
de comensales, vendedores y autoridades locales. Materiales y métodos: se realizó un estudio cualitativo de
tipo transversal y descriptivo entre 2024 y 2025. La información se obtuvo mediante observación participante,
entrevistas semiestructuradas y mapeo del tianguis. Participaron 26 personas: 15 comensales, 8 vendedores y 3
autoridades locales. El análisis se desarrolló con Atlas.ti (v.25) e IRaMuTeQ (v.7), tomando como base la teoría
de las representaciones sociales. Resultados: los resultados muestran que los comensales asocian la comida
callejera con tradición, sabor y convivencia, mientras que la inocuidad suele evaluarse a partir de señales visibles de limpieza y de la experiencia previa con los alimentos. Para los vendedores, la comida callejera representa una
fuente de sustento económico y una práctica heredada culturalmente, por lo que las medidas de higiene se adaptan
a las condiciones y recursos disponibles. En contraste, las autoridades mantienen una visión centrada en el control
sanitario y los criterios técnicos, dejando en segundo plano las dimensiones culturales y sociales del tianguis.
Conclusiones: estas diferencias evidencian tensiones entre los saberes populares y las perspectivas institucionales
sobre la inocuidad alimentaria. Se concluye que la gestión sanitaria en contextos tradicionales requiere enfoques
más participativos e interculturales, capaces de integrar el conocimiento técnico con las prácticas y significados
locales, favoreciendo así estrategias de seguridad alimentaria culturalmente pertinentes.