Resumen:
Se realiza el acercamiento al significado (en su acepción semiótica) de una existencia real,
orgánica y pre-semiótica que es el cuerpo; el cuerpo dentro de la circulación semiótica: en las condiciones
adversas y extremas del encierro carcelario. Aparte del encierro, otra variable es la experiencia personal
del encarcelamiento: tanto María Carolina Geel como José Revueltas han vivido la restricción de
movimiento, siendo encarcelados, y a partir de la dicha experiencia nacen las obras de ficción que se
comentarán en este artículo: Cárcel de mujeres, de la primera, y El apando, del segundo. Ambos son
principalmente observadores de los acontecimientos a su alrededor, desde diferentes estrategias narrativas,
y no pretenden convertir su situación en protagónica. Esas presencias literarias contienen el potencial para
los pronunciamientos de los sujetos encarcelados, pero mi intención es, principalmente, observar y
comentar las diferencias entre los cuerpos encarcelados, femeninos y masculinos, sin pretensión de llegar
a la conclusión abarcadora alguna mediante la inducción, ya que tratamos dos obras de ficción que no
expresan la realidad extratextual. Los ejes para la observación de los cuerpos con una de las facultades
básicas de los humanos — el movimiento—limitadas, son el dolor y el placer; aunque intuitivamente se
piense que el dolor domina en el marco carcelario, los momentos del placer son los que cobran
importancia en ambos textos.