Resumen:
La policía es un producto social; encargado de la seguridad pública, por lo que debe contar con legitimidad material (producto de sus acciones, lo que se refleja en resultados, la eficacia y la confianza ciudadana) y formal (fundamento constitucional y legal) (Porte Petit, 2015).
De ese modo, la policía resulta de vital importancia para el cumplimiento del orden en las sociedades actuales, quienes se rigen por representantes que establecen la continuidad de la seguridad pública.
Sin embargo, dentro de la institución de la “policía” en México, existe un marco de desigualdad entre mujeres y hombres. Así lo refiere Jacobo Cuellar (2020), que, en términos del desempeño laboral al interior de la policía, las mujeres ocupan un papel secundario y de subordinación, además de acciones de violencia y de manera particular, los casos de acoso y hostigamiento sexual.
Tan sólo en México, las mujeres son admitidas en la policía en el año de 1930, de entonces a la fecha, la mujer policía ha ido convirtiéndose en una figura común en nuestra sociedad, aunque es claro que su presencia resulta aún pequeña, incluso menor que en otros países. La policía se refuerza en México como una profesión masculina, sin embargo, pese a la dificultad que ha enfrentado la mujer para incorporarse a la policía, su ingreso a presentado una importante transformación de las ideas y valores tradicionales que se tienen dentro de las incorporaciones (Arteaga, 2000, p. 76).