Resumen:
El estudio de la cultura escrita en el siglo XIX mexicano permite comprender no solo las prácticas materiales de producción y circulación de textos, sino también los sistemas simbólicos que organizaron la vida social, política, educativa y cultural de la época. En este contexto, la cultura escrita puede definirse como el conjunto de saberes, técnicas,
instituciones y valores asociados al uso y la práctica de la escritura (caligráfica o manuscrita), en estrecha relación con el proceso de alfabetización, representatividad social y valor simbólico.
A mediados del decimonónico, estos elementos adquirieron en México una relevancia particular debido a las transformaciones ideológicas que caracterizaron al periodo. En ese sentido, la escritura se convirtió en un elemento simbólico de los actores políticos a lo largo del proceso de consolidación del Estado-nación, así como un vehículo para la expansión de la educación pública y el desarrollo de nuevas formas de sociabilidad entre los círculos letrados y los sectores iletrados.
La enseñanza y métodos de la escritura conocidos sirvieron como eje no solo en la formación de aprendices, sino como un indicador que definía también el nivel de instrucción y pertenencia social del individuo. Aprender a escribir implicó, por ende, integrarse a un orden cultural donde la técnica, estilo y modelo caligráfico de escritura realizado, también estaba relacionada con la estética de la sociedad letrada.
En este marco, se sitúa la figura de Ignacio Ramírez Calzada “El Nigromante”, un personaje que encarnó las transformaciones propias de su contexto histórico. Su biografía, revisada desde los soportes manuscritos de su obra, da fe de tres dimensiones principales
en su trayectoria de vida: en la intimidad, en lo privado y en lo público, y ayudan a entender su formación inicial, su inserción en círculos de producción escrita (como la prensa, política, literatura y academia), así como su participación en proyectos culturales y breves estudios inéditos en sus manuscritos. Su producción escrita abarcó una amplia gama de saberes, y su versatilidad estilística reflejó la capacidad de adaptación a distintos públicos y contextos. Su conciencia clara del ejercicio del poder, alcanzó un nivel notable en la escritura como medio de persuasión
y legitimación, en contraste con las dificultades técnicas para la ejecución caligráfica de sus manuscritos.
En suma, la investigación integra en cuatro capítulos, una nueva lectura de la cultura escrita del siglo XIX mexicano, al mostrar cómo la enseñanza, uso, práctica, circulación y apropiación de las manifestaciones escrituras a través de los manuscritos de Ramírez,
se hilvanaron en un proceso integral de transformación política, social y cultural entre 1845 y 1868.